Pablo López: magia desde el piano en Mallorca

El viernes 18 de diciembre se estrenaba la nueva película de la saga “Star Wars”, pero también llegaba a Mallorca uno de los eventos del año: la gira “El Mundo” de Pablo López. Dentro crónica.

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Con más de 1000 personas llenando el Trui Teatre de Palma en busca de una hora y media de entretenimiento y algo más, el teatro respira música por todos lados. Un gran piano de cola negro y brillante a la izquierda del escenario hace que sea imposible fijar la vista en algún otro lado que no sea ese.

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Pasadas las 21h y después de un audio pregrabado para poner al público en contexto, los violines introductorios de La Séptima Mayor indican que algo bonito está a punto de comenzar.

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© Natalia Serna
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Sentado al piano, me sorprende su interacción con el público, de lo más sincera y espontánea. Los pequeños parlamentos antes de cada canción son para enmarcar; no sólo pronuncia palabras coherentes sino que, con su semblante siempre tranquilo al hablar, consigue despertar cosas en quien le escucha. No deja a nadie indiferente.

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La atmósfera se vuelve especial con un silencio más que respetuoso cuando es el turno de Lo Saben Mis Zapatos. Tras contar cómo se la cantó a Antonio Orozco al poco tiempo de componerla, retira el micro para mostrarnos, sólo con su piano y su voz sin amplificar en absoluto, que su respeto a la música es el mismo que el que su público le brinda. Al final, un aplauso mutuo de más de 2 minutos deja constancia de ello.

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Pablo López es magia y, como la magia, nos entra directamente por los sentidos sin poder evitarlo. En un mundo en el que muchos ven difícil algo tan bonito como necesario en la vida como es el soñar, el tiempo que este malagueño pasa sobre el escenario es aire fresco a la vez que un ejercicio continuo de reflexión sobre los mismos sueños, las aspiraciones y el recuerdo de los que hacen de nuestra vida un viaje maravilloso.

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© Natalia Serna
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No faltaron canciones como Vi o Te Espero Aquí de su primer disco, así como tampoco las más representativas del reciente “El Mundo Y Los Amantes Inocentes”. El transcurso del concierto se repartía entre momentos principalmente rítmicos y otros de emoción contenida (alguno no pudo aguantarla).

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La complicidad con el público era total. Tímidamente sentado en su piano, Pablo cuenta que está aprendiendo a decir “te quiero”. Curiosa afirmación de un tipo que canta al amor (y al desamor) como pocos saben hacer.

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© Natalia Serna
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La música son sensaciones, y las canciones de Pablo, escuchadas (como era mi caso) por primera vez en directo, remueven el alma y sacan a la luz pensamientos y personas que forman o han formado parte de nuestra vida.

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Su voz: cuidada, afinadísima y con un matiz cálido que conforma un ítem indivisible con el sonido del piano. Talento trabajado al detalle.

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Tras 20 minutos presentando a su banda y a su equipo concluía una noche que, a grandes rasgos, se podría resumir en Dos Palabras: “vuelve, Pablo”.

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